miércoles 25 de noviembre de 2009

LAS DOS RESURRECCIONES

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
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La resurrección de los muertos, en sí, son dos acontecimientos separados (podemos decir, dos resurrecciones), a saber: La primera, será en la Segunda Venida del Mesías Jesús a la Tierra, en que los muertos en Cristo (Ver 1 Co.15:52) y los santos de AT. (Ver Dn.12:13) serán despertados o resucitados para recibir la Heredad del Reino Milenario:
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«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero» (1 Ts.4:16).
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«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (la primera resurrección para recibir la herencia terrenal), y otros para vergüenza y confusión perpetua (la segunda resurrección, de la cual hablaremos más adelante y que es exclusiva para condenación de los malos, ver Dn.12:2).
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En 1 Ts.4:16 el apóstol Pablo, aunque no directamente, insinúa con claridad que habrá dos resurrecciones (Si los muertos en Cristo son los primeros como él dice en ser resucitados, lógicamente otros segundos también lo serán: «para vergüenza y confusión perpetua»). En Jn. cap 5 podemos leer:
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«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida, mas os que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Jn.5:28-29).
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Aunque los textos parecen dar entender que habrá una resurrección general, en realidad es solamente una apariencia. Podemos encontrar por ejemplo en el AT. que muchas de las profecías escritas tienen un cumplimento doble, incluso, hasta triple: Los cumplimientos proféticos pueden ser de corto alcance o de largo alcance. En Isaías 61, encontramos una profecía de cumplimento triple: a. La primera venida del Señor Jesucristo a la Tierra para llevar a cabo su ministerio terrenal de tres años y medio (Is.61:1). b. La Gran Tribulación Escatológica (el día de venganza del Dios nuestro, Is.61:2) y c. El Reino Milenario y sus bendiciones terrenales (Is.61:3-11). De la misma manera, Jn.5:28-29 trata de una profecía de doble cumplimiento: la primera, que será en la resurrección de las personas buenas para vida eterna (y me refiero a los creyentes, y no a los que únicamente hacen obras de ayuda sin conocer a Cristo, o si lo conocen, lo conocen mal), y la otra, más tarde, con la resurrección de los rebeldes e incrédulos, que serán despertados para ser condenados para siempre. La veracidad de la primera resurrección de los santos fieles como tal, se confirma en Ap.20:6. dónde Juan la llama como ya mencionamos, la primera resurrección:
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«Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con el mil años» (Ap.20:6).
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Juan afirma que habrá otra resurrección (la segunda), pongan atención en esto:
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«Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años» (Ap.20:5 es una prolepsis, como si hubiese ya acontecido esta última o segunda resurrección).
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Cuando la tierra haya desaparecido, un poco antes de que los cielos y la tierra nueva sean manifestados (2. P. 3:13; Ap.21:1), el sepulcro (el hades) y el mar entregará a las personas malvadas, ya resucitadas, para que sean juzgadas y condenadas en el en el Juicio del Gran Trono Blanco:
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«Y vi un trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras» (Ap.20:11-13).
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Cuando el Juicio del Gran Trono Blanco termine, los que no estuvieron inscritos en el libro de la vida, que serán todos los últimos resucitados, serán lanzados al Infierno de Fuego para ser definitivamente aniquilados (Ap.20:15).
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Si usted ha creído o le han enseñado que habrá una sola resurrección, este escrito evidencía que la cosa no es así. Bíblicamente, hemos comprobado con exégesis clara y correcta que dos resurrecciones acontecerán.
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Dios les bendiga mis hermanos y amigos que nos visitan.

RELIQUIAS CATOLICAS

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
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«Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía» (Núm.21:4-9).
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Las frecuentes protestas e inconformidades de los israelitas a lo largo de su éxodo por el desierto les trajo como consecuencia un juicio severo de parte de Dios, en el que venenosas serpientes provocaron al morder a los rebeldes un importante síndrome inflamatorio muy doloroso; por tal motivo se les calificó como «ardientes». Una buena cantidad de personas murieron al ser mordidos por las letales serpientes, pero Dios, en su gran misericordia y bondad, ordenó a Moisés hacer una imagen de ellas (nahash, heb.) y de bronce (nehoshet, heb.) para que fuese izada sobre un asta para que aquellos que la miraran en lo alto pudieran sanar, conforme a la fe de los afectados por los mortales ofidios. Fue tanto la impresión que causó en los israelitas esta sobrenatural forma de sanidad que la serpiente fue tomada como una reliquia de culto y de profunda superstición:
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«El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán» (2 R. 18:4).
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Bajo el crónico influjo pagano y religioso de alrededor, los israelitas tomaron como ídolo aquella señal (la serpiente de bronce) que una vez les ofreció por designio celestial un propósito de protección física y vida muchos siglos atrás, en el tiempo de la búsqueda de la tierra prometida con el patriarca Moisés. La serpiente de bronce fue para el pueblo de Israel un objeto muy importante de superstición idolátrica a la que se le quemaba incienso para su veneración. Esta serpiente, tuvo su razón en su debido momento, pero después no dejó de ser menos que un inútil objeto, sin función absoluta, fabricado una vez por las hábiles manos de un artífice hebreo, no por idea humana, sino por el soberano mandato de Dios. Pero el siempre claudicante pueblo de Israel la ciñó como amuleto, como un talismán de poderes y de suertes sobrenaturales, a manera que lo hacen aquellos que concienten y aprueban los muy variados fetiches mágicos del negro ocultismo.
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Sin ir muy lejos, esta absurda y demoníaca costumbre, también ha sido admitida felizmente por las cabezas y borregos del catolicismo romano apóstata en todas las épocas de su siniestra y lóbrega historia. Su capacidad de discernimiento espiritual para detectar el descarado error de esta retorcida situación, viene a ser nulo, y los resultados, patéticamente, obvios. Tan importante es conocer la Santa Palabra de Dios que descubre los errores que surgen de la mezcla de la mentira con la verdad. De no ser así, las consecuencias serán devastadoras, tarde que temprano.
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Entre las reliquias aprobadas por el sistema romanista católico se encuentran los que se ha considerado como los pedazos de madera "reales″ de la cruz en que Cristo fue crucificado (La Vera Cruz). Y aunque usted no lo crea amable lector, fueron tantos los pedazos de madera de la supuesta cruz sacrifical, que se llenarían, sin exagerar, no pocos vagones ferroviarios; o como dice un autor, podrían, por su gran número, llenar un bosque en forma completa. No creemos que esta cruz haya sido tan tremendamente colosal para justificar que estos muchos pedazos viejos de madera fuesen parte de ella. Nuestro Señor Jesucristo, "no era tan gigantesco como Gulliver en Lilliput″. Eso es seguro. Es más, jamás, nunca, pudieron ser los restos de la madera de la cruz de Cristo sencillamente porque después de la ejecución de lo reos judíos (el ciudadano romano era decapitado según la ley de Roma, como en el caso de apóstol Pablo), toda cruz, como símbolo de vergüenza, debería ser quemada, hecha cenizas, conforme las normativas judías. No deberían quedar rastros visibles de las cruces.
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También el papado apóstata ha aceptado como reliquias genuinas los presuntos clavos que perforaron las manos y los pies del Señor Jesús, la esponja en que se le dio a beber vino y ajenjo pero que él rechazó (Mt.27:34), la corona de espinas que fue puesta en la cabeza de Cristo, el prepucio de Cristo (¡por favor!), el manto púrpura que el colocaron los solados, la copa de la última cena, cabellos de María la madre del Señor y que son de distintos colores (¿?), ropa de ella, zapatos y su anillo de matrimonio, ropa de Cristo cuando era un infante, instrumentos de trabajo de José, el lavamanos de Pilatos, una de las treinta piezas de plata, la bolsa vacía de Judas, huesos del asno que montó Jesús, una botella de leche de María, un parte del "ala″ del ángel Gabriel que resultó ser una pluma de avestruz (Babilonia, Misterio Religioso Antiguo y Moderno, de R. Woodrow).
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Se dice que fue la madre de Constantino, Santa (¿?) Helena, fue quien le dio un gran auge a las reliquias que no tenían nada de cristianas. Otro hombre, San Ambrosio, instigó por su conducta a que las reliquias en toda Europa se dieran por demás.
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La importancia de las reliquias dentro de la iglesia romanista católica es porque con ellas se logra "consagrar″ un determinado lugar o edificio. Si revisamos cada página de la Biblia para convencernos de que este concepto ha tenido el apruebo de Dios, veremos que nada dice al respecto.
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La "consagración″ de lugares, como son espacios y construcciones, no nació con la apóstata iglesia romanista católica papal sino en la Antigua Babilonia, con Nimrod. Al morir Nimrod, padre de las religiones paganas del planeta tierra, sacerdote de los misterios babilónicos junto con su madre y esposa Semiramis, tenido como rey y dios por los mesopotámicos, en la tierra de Sinar, fue despedazado a filo de metal y cada una de sus miembros cercenados esparcidos por todas las regiones del entorno de esa época. Los lugares donde fueron enterrados cada uno de las partes que conformaban el cuerpo de Nimrod, fueron "consagrados″ como divinos.
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Si observamos, nada diferente existe entre el ejemplo anterior y la costumbre aun vigente de los líderes católicos de "consagrar″ una parte o un lugar determinado con reliquias que se suponen como "sagradas″, incluso, esta "consagración″ la llevan a cabo con cuerpos de personas que han sido catalogadas por los jefes y adeptos de esta tenebrosa iglesia como “santas″. En Deuteronomio 34:6, dice que Dios enterró el cuerpo Moisés en Moab, enfrente de Bet-peor, y que nadie conocía el lugar preciso de su sepultura. Esto fue para que el cuerpo de Moisés no fuera idolatrado y que sus huesos no fueran reliquias de superstición al caer en malas manos, ya que Dios conocía la inclinación idolátrica del pueblo de Israel, habiéndola adquirido en el tiempo del cautiverio de más de 400 años en el país de Egipto.
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Para terminar, comentamos, que, la Biblia no apoya jamás esta forma pagana tradicional que surgió de la misma Babilonia, cuna de la primera religión pagana histórica, la de los misterios babilónicos, que se extendió después por los pueblos y naciones del globo terráqueo.
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Tomando en cuenta el ejemplo de la serpiente de bronce, que fue venerada como una reliquia sobrenatural por el pueblo israelita después de que su benéfica función cesó por voluntad divina, de la misma manera las reliquias religiosas sin poseer un poder especial, han sido hechas objetos de culto que ofenden a Dios, por parte de la iglesia católica romanista. La Biblia narra que el rey Ezequías no únicamente ordenó quitar los lugares altos, los símbolos de Asera, y las imágenes para culto profano, sino además ordenó quebrar la serpiente de bronce por su inadecuado uso por el pueblo de Israel.
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Si suponemos que estas reliquias fueran genuinas, no tendría ningún caso el venerarlas, porque caerían en el mismo ejemplo de la serpiente de bronce, la cual Dios resolvió destruir por considerarla un instrumento muy peligroso de adoración idolátrica que afectaba gravemente a la nación judía.
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Dios les bendiga siempre, hermanos y amigos míos.

martes 24 de noviembre de 2009

LA BIBLIA Y LA ADIVINACION


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Is. 8:19 Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?

En su curiosidad innata, el hombre regularmente ha buscado el conocimiento en lo que no es de su incumbencia, es decir, en lo oculto, en lo que no le pertenece, y que está proscrito por Dios. La afanosa ambición para obtener un mejor lugar en la sociedad, poder, aceptación, riquezas y éxito rotundo, lo ha empujado a escudriñar en ese tipo de literatura oscura y profana, esotérica, misteriosa y enigmática, que ha sido escrita con tinta infernal. Por tal motivo, al no medir las consecuencias, ignorándolo o no, su vida viene a reservarse para la eterna oscuridad, en las más profundas de las tinieblas (Jud. 1:13).

La adivinación se define como la manera utilizada para predecir acontecimientos futuros o para conocer cosas ocultas o secretas. Los practicantes de la adivinación se valen de entidades espirituales reveladoras o mediante suertes, señales o procedimientos para lograrlo. En Ezequiel 21:21 se relata como el rey babilónico adivinaba sacudiendo saetas, a través de ídolos, con el hígado de un ave. En Gn. 44.5 se narra que el siervo de José habla de una copa para adivinar:

Gn. 44:5 ¿No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis.

Hoy en día sería extraño no saber que los adivinadores o agoreros modernos usan bolas de cristal y vasos con agua con el fin de adivinar. Estas formas de adivinación no han cambiado en nada desde la antigüedad. En 1 de Samuel 28:8 y en Hechos 16:16-19 se muestra, para cada caso, un espíritu de adivinación que obraba mediante un intermediario humano. A veces el espíritu demoníaco se hace visible personificando una persona muerta; ejemplo está con Saúl y la adivina de Endor, donde el espíritu representa falsamente al profeta Samuel que había muerto tiempo atrás. En la actualidad sucede lo mismo con los llamados médiums que son poseídos por los demonios para hacerse pasar por personas fallecidas. Los demonios en tal situación son capaces de revelar detalles tan precisos de quienes han muerto, resultando muy convincente el engaño para los familiares que los conocían minuciosa y perfectamente bien.

Entre las formas modernas de adivinación ocultista encontramos la consulta de las barajas, llamada también cartomancia; por otro lado tenemos la aeromancia, la adivinación por medio de objetos puntiagudos, la hidromancia, la ceromancia, la espatulomancia, la geomancia, la litomancia, la catoptromancia, caromancia, la lectura de las hojas de té, de los asientos de café, la astrología, la tabla de la Ouija, la quiromancia o lectura de las líneas de las manos. Es tanta su influencia que muchos no dan un paso alguno en sus vidas sino antes de consultar algún modo adivinación.

Dentro de la astrológica, que continúa teniendo una buena aceptación y difusión en todo el mundo, encontramos, por ejemplo, el horóscopo y sus signos zodiacales, la carta astral, que consisten en métodos de adivinización en base a la posición de los astros en el momento del nacimiento. La astrología ha sido un efectivo e importante factor para desviar a las gentes plácidamente del camino verdadero de la salvación; incluso, aunque parezca increíble, muchos cristianos (inestables e inmaduros) confían en esta práctica de dirección equivocada para tomar decisiones que han creído como correctas. La Biblia condena la astrología y sus signos del zodiaco. Véalo en 2 R. 23:5.

No cabe duda que la Biblia prohíbe toda clase de prácticas abominables de las naciones paganas porque son una ofensa contra Dios (Dt. 18:9; Lev.20:23). La adivinación, como la evocación a los muertos, no está exenta de entre ellas:

18:10-11 No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.

Lev. 19:26 No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinos.

Lev. 19:31 No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.

Lev. 20:27 Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.

Jer. 27:9 Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia.

Lo que las personas necesitan es confiar en Dios, y este confiar, que será férreo y para beneficio a largo plazo, lo obtendrán únicamente en su Palabra. Hay 66 libros en la Biblia y bastantes textos en su contendido para fortalecerse espiritualmente, con el propósito de enfrenar adecuadamente las pruebas y tentaciones más tremendas por las que pudieran estar pasando... ¡La victoria estará segura!

Lo más importante, es que la Palabra de Dios aporta aquel conocimiento para vida eterna; la adivinación, sólo para condenación eterna.

Valoren esto, hermanos y amigos que nos vistan.






domingo 15 de noviembre de 2009

EL NEGOCIO DEL PURGATORIO

Por el Dr. Javier Rivas Mtz (MD)
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La Doctrina del Purgatorio, que trata de la purificación de las almas para que puedan ser llevadas al cielo después de la muerte, a un ignoto lugar, no nació con la apóstata iglesia romanista. Viene de tiempo atrás, desde la cultura babilónica con Nimrod, donde nació, y de allí, pasó a las naciones y más tarde el catolicismo la apropió. Esta doctrina es una herejía en contra de Dios: es antibíblica y su fin son las riquezas frondosas. Los ritos al dios Moloch, tienen una interconexión considerable, una influencia determinante con la doctrina del Purgatorio romanista. Los antiguos paganos, siempre creyeron en la purificación del hombre a través de fuego. Moloch, dios del fuego, era otro nombre con el que se conocía a Nimrod. La adoración a Moloch fue aprobada por el pueblo israelita. Las costumbres idolátricas del pueblo israelita son evidentes en la Biblia. Desde su salida de la tierra de Egipto, mostraron inclinación a la adoración de imágenes de fundición como lo podemos ver en Génesis cap. 32.
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A pesar de que el pueblo de Israel tuvo el grande privilegio de observar la majestuosas gloria divina en el monte Santo del Dios verdadero, manifestada en su cumbre, su inclinación por la adoración de ídolos ya era un problema bien arraigado que fue tomado en la cautividad egipcia; un poco más de cuatrocientos años de esclavitud en la tierra de Cam fue importante factor para formar una poderosa cadena tradicionalista idolátrica en los corazones del pueblo de Israel.
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Israel sacrifico sus hijos a Moloch. Los sacrificios de niños eran violentos. La madre entregaba al hijo al sacerdote, arrojándolo a la figura feamente monstruosa que se encontraba con los brazos y las manos tendidas. El ídolo gigantesco era puesto a arder en fuego y la inocente criaturita era consumida por las altas temperaturas en las manos o en el vientre de la parafernalia metálica e inmunda. La purificación, era consumada, y todos, satisfechos de que hubiese sido así. Dios abominó está práctica demente y satánica, como lo vemos en Lev.18:21, Jer.32:35, y en 2.de R. 23:10.
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El zoroastrismo persa, creía que las almas de los muertos eran llevados a doce estados diferentes para que fueran purificadas para poder entrar finalmente al cielo o paraíso. Los estoicos también creyeron que había un lugar de purificación con fuego para las almas de las personas difuntas, y le llamaron Empurosis.
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Los musulmanes aún enseñan la doctrina de un purgatorio. Dicen que el ángel Munnker y Neiker cuestionan a las personas fallecida. Se les pregunta si ellos conocieron al profeta Mahoma. Si la respuesta es no, van al Purgatorio Purificador. Pero el consuelo para las familias de sus difuntos purgados, es que existen sacerdotes musulmanes que cobran sumas de dinero por sus servicios para poder sacar a sus seres queridos de pavoroso lugar nada exquisito y de muy elvada temperatura .
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Los budistas también tienen su purgatorio purificador. Cuenta la historia que hubo un tiempo en que muchos budistas chinos compraron indulgencias para escapar del Purgatorio. En la Biblia se establece que «no debe darse dinero por los muertos» (Dt.26:14). El apóstol Pedro reprendió a Simón el mago, por creer que el favor de Dios se ganaba con dinero (Hch.8:20).
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La Doctrina del Purgatorio es aceptada como dogma en el Concilio de Florencia, en el año de 1459 por la iglesia romanista. Su confirmación viene a darse noventa años después, en el Concilio de Trento, con severas maldiciones para los individuos que la refutaran. La venta de indulgencias, que no sólo «funcionaba» para la evacuación de almas penitentes del Purgatorio, sino también para el perdón de los pecados. En 1450, Gascoigne, rector de la Universidad de Oxford, «pegó el grito en el cielo» debido a los abusos de los vendedores de indulgencias. Según un autor, se recibían por ellas pagos hasta de dos peniques, increíblemente con vasos de cerveza, hasta se pagaba con complacencia sexual a través de prostitutas. ¡Qué descaro tan ruin e inmundo, mis finos y fieles hermanos y amigos que leen cada letra del presente escrito!
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Admirablemente, Lutero se dio el valor para escribir sus 95 declaraciones (como la 72) que denigraban justamente las indulgencias del papado. Juan Teztel, era un conocido charlatán alemán, que casi le cuesta la vida por sus vicios horriblemente extremos, pero fue perdonado por la intervención del elector Federico, cuando el emperador Maximiliano lo había condenado ya a una muerte segura. Hábil en los manejos torcido, es usado por el Papa para el logro de riquezas a expensas del pueblo ignorante y temeroso. La historia comenta que Teztel, al llegar a un lugar determinado, exclamaba así: «Tan pronto como su dinero canta, el alma del purgatorio, salta». Se cuenta que para infundir miedo, llevaba una pintura donde el diablo martirizaba con tormentos a las almas penitentes en el Purgatorio.
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Hoy en día, se cobran altas sumas por misas católicas para que las almas que «sufren» en el Purgatorio puedan ir al cielo.Una misa mayor cuesta mil dólares, o un poco más. Una misa menor, tiene un precio menos caro. En Irlanda tienen un famoso dicho que dice: «Dinero mayor, misa mayor, dinero menor, misa menor, no dinero, no misa». Hasta hay una «Sociedad Purgatoria», que surgió en 1856, donde se exige una cantidad monetaria cada año para asegurar la salida de sus seres queridos del «quemante e infame Purgatorio».

La Biblia nunca refiere que el dinero sea un medio para ser rescatados de un lugar ardiente determinado, pero si dice que la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado para ser perdonados y salvados del la Muerte Segunda (1 Jn.1:7; Ap.20:6). La Biblia nunca menciona, absolutamente, la existencia de un «Purgatorio», pero si dice que un «Lago de Fuego que arde con Azufre» recibirá a los que serán juzgados delante del Gran Trono Blanco para ser luego destruidos para siempre (Ap. 20:14, 15).
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Cristo pagó una vez por los pecados; otra cosa que lo intente con similitud, sale sobrando indiscutiblemente. La venta de indulgencias condenan porque las personas han depositado en ellas la confianza para salvación, y no en el Hijo del Altísimo, que es el funcional Salvador del Mundo (Jn. 1:1, 2; Jn.3:16).
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Por último, la salvación no es por obras de ninguna índole. No es por negocios financieros, ni por esfuerzos humanos, ni por sacrificios paganos, ni por ritos pomposos, ni por medio de promesas condicionantes del hombre para con Dios. Las obras terrenales son inútiles para este caso.
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A Dios, es imposible sobornarlo. Él ha establecido todas las cosas, que se cumplirán a su debido tiempo. No necesita de nada, ni de nadie para cumplir los propósitos que han salido de su soberana voluntad, que es irresistible (Ro.9:19).
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Amigo que lees el escrito: si eres romanista católico, medita en lo escrito, ya que su verdad suena fuertemente, como «moneda arrojada en cofre de hierro con violencia».
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La gracia, es un don de Dios. Y sin ella, la salvación no dejará de ser sólo un cuento de hadas inventado por la mente perversa que caracteriza a los seres humanos que son caídos.
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«Porque por gracia sois salvos por la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Ef.2:8-9).

sábado 14 de noviembre de 2009

LA VERDAD DEL DOGMA AMILENARIO


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme» (Is. 60:21).

Agustín de Hipona fue el esmerado teólogo occidental (respetado por el Catolicismo Romano y por muchos Reformadores) que pulió en definitiva el dogma amilenario, tomando como referencia el incongruente método de interpretación espiritual que germinó de las herejías de la filosofía griega para ser preciso, de la escuela de Alejandría, siendo Orígenes una de las columnas más importantes y poderosas de esta institución teológica para la estructuración del futuro amilenrismo. La escuela teológica de Alejandría no sólo discrepó con el dogma del futuro Reino milenial y terreno presentado en la Biblia, sino que tergiversó toda su literalidad para dar paso a ideas religiosas retorcidas como la inmortalidad del alma y la falsa creencia de la deidad de Cristo. Orígenes, padre apostólico que nació en Alejandría (185-254 d.C), digno discípulo de Clemente de Alejandría, preceptor de la Escuela Catequística, es visto como el más sobresaliente pensador de esa antigua escuela. No es nada nuevo saber que el sistema de interpretación alegórico se originó en la sustracción del pensamiento de los filósofos griegos. Es importante tener en cuenta que Alejandría era helenista por lo que su influencia fue devastadora para el cristianismo de ayer, y como lo continua siendo para el cristianismo de ahora.

Fue primero el judío Filón el que introdujo el método de interpretación alegórico sustentado por la filosofía griega; después, Clemente de Alejandría y Orígenes lo utilizaron establecer sus propias y fallidas conclusiones. Tanto como Clemente y Orígenes, sin duda, aceptaron la inspiración divina de la Biblia. El problema fue que estos dos hombres creyeron que con la interpretación alegórica se podía comprender el significado correcto de los textos bíblicos. El resultado postrero de la conciliación de la fe cristiana de las Escrituras con la filosofía griega pagana fue un súper heretismo amalgamado, de calibre muy grande. El método alegórico de interpretación se extendió rápidamente por todo el mundo cristiano hasta la Reforma del siglo XVI, desalojando la doctrina verdadera del Reinado terrenal milenario.

Agustín de Hipona (354-430 d. C), influenciado por la hermenéutica alegórica del donatista Tyconio, creyó que enseñar un Reino literal donde habría comida y bebida en gran abundancia, era una enseñanza carnal que tendría que se refutada sin oportunidad de consentimiento ni tolerancia.

La postura amilenial de Agustín se convirtió en un dogma preponderante en la Iglesia Romanista Católica, y un enorme número de reformadores la adoptó con sus “variantes ya enmendadas”. Con el amilenarismo, el premilenarismo fue desplazado, y en la actualidad, este primero sigue vigente, erguido en su falso e indurado cimiento con fuerza tremenda. El milenarismo fue eclipsándose y olvidándose conforme la Iglesia Romana crecía a pasos agigantados. En su doctrina “sin milenio literal” Agustín identifica a la Iglesia como si fuese el Reino. Agustín dijo inflexible que el milenio debía interpretarse espiritualmente. Afirmó que el diablo, Satanás, fue encadenado en el transcurso del ministerio terreno de Jesucristo, justificando esta conjetura de Lc. 10:18. Pensó que la primera resurrección se daba con nuevo nacimiento del creyente, según Jn. 5:25. Para Agustín, en su libro «De Civitate Dei», el milenio es el tiempo que abarca entre la primera y segunda venida de Cristo, o sea, el período de la Iglesia de Cristo. Agustín vio en Ap. 20:1-6 una recapitulación de los anteriores capítulos. Agustín jamás logró apreciar una secuencia natural cronológica de los sucesos dados en el capítulo 20 de Apocalipsis y que están hilados y precedidos con los del capítulo 19 de dicho libro. Agustín interpretó literalmente los mil años del Ap. 20, pero lo realizó en una desubicada cronología, ya que reconoció el milenio con lo que entonces quedaba del sexto milenio de la historia humana, considerando que esta etapa posiblemente tendría fin en el año 650 d. C. Agustín creyó que este período acabaría con una violenta manifestación de la maldad, con la rebelión de Gog, para culminar con la venida de Cristo como juez. Por lo tanto, en esta expectativa, Agustín resiste con dureza la era del milenio terrenal después de la segunda venida de Cristo, pensando que el milenio acontecería en el tiempo entre la primera y segunda venida del Señor. Agustín de Hipona afirmó que la Iglesia es el Reino y que las promesas hechas a Israel por Dios eran inexistentes. Los oscuros y trágicos acontecimientos manifestados durante el transcurso de la historia de la humanidad nos muestran que el diablo no ha sido atado en el Abismo como Agustín de Hipona lo propuso. Como teólogo, Agustín jamás tuvo la sensatez de entender el sentido proléptico de Lc. 10:18. En estos tiempos en el que imperan en todo lugar el desorden y la maldad, es muy difícil admitir un Reinado milenario del cual se promete para los hijos de Dios hartas y preciosas bendiciones universales, de acuerdo a lo dicho por los fieles profetas de Dios en el Antiguo Testamento, promesa que se reitera en el Nuevo Testamento por Cristo y sus discípulos. Es imposible en estos tiempos de rebelión indescriptible disfrutar de las bendiciones mencionadas felizmente en un mundo atiborrado de marcado egoísmo y de colosal iniquidad. En un mundo que tiene como estandarte y corona el robo, la usura, el abuso y el escarnio, y como blasón, la muerte. ¡Cuán equivocado estaba Agustín de Hipona al respecto! Su místico idealismo, ampara su horrendo y descentrado error.

Durante los dos primeros siglos de la Iglesia de Cristo, la doctrina que prevaleció fue la que hablaba de un Reino terrenal escatológico y literal. Los padres apostólicos enseñaron que Cristo descendería al mundo en gloria y en majestad, de la misma manera que el Señor lo profetizó primero, con el propósito de implantar su gobierno teocrático de mil años, después de juzgar a las naciones del mundo. Cristo reinará la tierra personalmente para ejercer la autoridad delegada por su Padre y Dios. El Mesías Hombre habrá de sentarse en el trono de David en Jerusalén para reinar con sus súbditos y hermanos con vara de hierro, con justicia y equidad por largura de días, en absoluta paz y dicha perpetua.

El premilenarismo niega que el diablo se encuentre atado en la era presente de la Iglesia de Cristo. Los siguientes versos bíblicos dan testimonio de esta verdad (Hech. 5:3; 1 Co. 7:5; 2 Co. 4:3, 4; 12:7; 1 Ts. 2:18; 1 P. 5:8).

El libro de Apocalipsis en el capítulo 20 muestra que el Satanás será atado cuando principie el Reinado milenario de Cristo, y muestra además que será desatado cuando este Reinado de mil años culmine.

El fundamento del Reino milenario y terrenal es hallado en el Antiguo Testamento, en el pacto que Dios hizo con Abraham, en el pacto hecho con David, y en el nuevo pacto. Dios promete en estos pactos, consecutivamente, una tierra, una simiente, y la bendición para su Pueblo, para los que han creído en el por medio de la fe en Jesucristo, sea gentil o judío, porque no hay acepción de personas. Apocalipsis 20 nos dice que el Reinado de Cristo tendrá una duración de mil años. Cuando Cristo entregue el Poder y el Reino a su Padre, entonces el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra aparecerán, en el Reino Eterno (Ap. cap. 21).

La doctrina prelimenarista fue sostenida por la Iglesia Primitiva durante doscientos cincuenta años. Por desgracia, las bendiciones materiales predicadas con énfasis por los que creyeron en ella, como recompensa dentro del Reinado milenario de Cristo, avivaron posteriormente una conceptualización individual, patéticamente acética y corrupta en aquellos que no la aprobaron; por esta razón, el método espiritual de Agustín vino como tirano impostor para pisotear y desalojar el Reino literal de Cristo en la tierra, tal como lo enseña la Biblia. Antes del concilio de Nicea, la creencia de un milenio literal dominó en su veracidad. No fue jamás una creencia extra bíblica impuesta a conveniencia. Su realidad es tan evidente en la Biblia. Fue reconocida históricamente por los más reconocidos y apreciados maestros cristianos del pasado, mucho antes que la escuela alegórica de Alejandría hiciera ilegal intromisión para robarle su certeza y credibilidad.

Entre los concertadores del premilenarismo del primer siglo cabe mencionar a Andrés, a Pedro, a Felipe, a Tomás, a Santiago, a Juan, a Mateo, a Aristión, a Juan el Presbítero. Todos ellos fueron nombrados por Papías. De acuerdo a las palabras de Ireneo de Lyon, Papías fue uno de los oyentes directos del apóstol Juan y mantuvo una amistad estrecha con Policarpo, devoto creyente que es nombrado en el Nuevo Testamento. Con este importante antecedente, la fiabilidad de la doctrina premilinarista es contundente. Otros que podemos mencionar son: Clemente de Roma, Bernabé, Hermas, Ignacio de Antioquía, y Policarpo de Esmirna. Los discípulos del Señor concordaron con los judíos con respecto al Reinado de Cristo en la tierra, en la primera parte del siglo primero de la era presente. Para el segundo siglo, hombres como Potino, Melito, Hegesipo, Taciano, Ireneo, Hipólito, Justino Mártir, no tuvieron ningún problema en abrigarla.

No existió en estos dos siglos de creencia milenarista nadie que la rechazara. Esto nos lleva a pensar inequívocamente que la fe común de la Iglesia en un inicio fue milenarista.

A continuación dejo estos testimonios antiguos a favor de la postura milenarista, mucho antes que el método alegórico de la escuela teológica de Alejandría fuera tan siquiera una simple perspectiva:

Justino Mártir, en su «Diálogo con Trifón»:

«Pero yo y quienquiera que, desde todo punto, sea un cristiano honrado sabemos que habrá resurrección de los muertos y mil años en Jerusalén, la cual será edificada, adornada, y ampliada, como lo declararon los profetas Ezequiel, Isaías y otros…».

Clemente de Roma:

«En verdad, pronto y repentinamente se llevará a cabo su voluntad como también testifican las Escrituras, diciendo: “y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis y el ángel del pacto a quien deseáis vosotros”».

Dios les bendiga siempre.

lunes 9 de noviembre de 2009

ES OMNISCIENTE?


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Omnisciencia: Significa, que Dios conoce todas las cosas perfectamente desde la eternidad, ya sean reales o posibles, pasadas, presentes o futuras».

Cristo jamás aparece en la Biblia como un individuo Omnisciente. No hay texto en ella que justifique este atributo intrasmisible y especial de Dios en el Hijo de David. Por lo tanto, no es posible que Cristo sea Dios, porque Dios «…sabe todas las cosas» (1 Jn. 3:20). Quienes piensan que Cristo “lo sabía categóricamente todo por cuenta propia”, están plenamente confundidos, han pasado por alto que Cristo fue precisamente, según las Escrituras, un «profeta».

«Revelar: Manifestar Dios a los hombres lo futuro u oculto. Descubrir lo secreto. Proporcionar indicios o certidumbre de algo».

Dios le «reveló» a Cristo lo que una vez le fue desconocido en cierto momento de su vida, y para el caso, en su ministerio terrenal, como lo hizo con los profetas del la Antiguo Testamento; como lo hizo con Pedro, con Pablo, con Felipe y con otros santos creyentes en la nueva dispensación de la gracia. El más claro y decisivo ejemplo al respecto lo podemos ver en el libro de las Revelaciones. Aunque Cristo había ascendido al cielo ya como un agente humano glorificado en el tiempo en que se escribió el último libro del Nuevo Testamento (Muchos con pronunciado error atesoran la idea de que Cristo en esta trasformación gloriosa fue hecho algo así como “más Dios”), Dios le «revela» que obviamente era ignoto para él, porque, ¿no sería lo bastante absurdo y vano revelárselo a su Hijo siendo éste Omnisciente?:

«La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…» (Rev.1:1).

Cristo declaró tajante y directamente que era un «profeta»:

« ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. Mas Jesús les decía: No hay [profeta] sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos» (Mr.6:3-5).

Cuando se define al «profeta», se hace como «una persona que habla por inspiración divina, en el nombre de Dios» (Wikipedia). Si Cristo hubiese sido un ser Omnisciente como Dios, el autoproclamarse como «profeta» saldría seguramente sobrando. No habría la más mínima razón para haberlo admitido.

En el instante que Cristo se vindica como profeta, lo hace como «uno que habla por Dios» (prophëtës, gr.); por consecuencia, es muy difícil con esto etiquetarlo como “Divinamente Omnisciente”.

Cristo fue anunciado en el Antiguo Testamento como «profeta», y fue en cierta ocasión cuando Dios hablaba con Moisés. Veamos en la Biblia de Jerusalén:

«Por eso, suscitaré entre sus hermanos un [profeta] semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene» (Dt. 18:18).

En la versión Reina Valera 1909 cotejada, dice:

«Les levantaré un [profeta] como tú, de entre sus hermanos. Yo pondré mis palabras en su boca, y el les hablará todo lo que yo le mande» (Dt. 18:18).

Cristo, el Mesías Humano, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, confirmó su profesión de profeta al pronunciar eventos escatológicos de importante relevancia (Véanse Mr. cap. 13; Mt. cap. 24; Lc. cap. 21). Cristo profetizó la caída de Jerusalén (Mt. 23:35-38); vaticinó la traición de Judas (Jn. 13:18); profetizó que sería dejado por sus discípulos (Mt. 26:31); profetizó su muerte y su resurrección (Mt. 17:22-23); predijo el envío del Paráclito por el Padre (Jn.14:26); vaticino la gran tribulación final (Mt.24:21); y por supuesto, su regreso en gloria al mundo (Mt. 24:30).

Presento, para acabar, estos versos bíblicos que desacreditan la supuesta Omnisciencia de Cristo. La clave está, en sus preguntas que carecen de retórica en su contenido, es decir, eran terminantemente necesarias (encerradas en corchetes):

«Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: [¿Dónde le pusisteis?] Le dijeron: Señor, ven y ve» (Jn. 11:33-34).

«Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. Y le preguntó: [¿Cómo te llamas?] Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región» (Mr.5:7-10).

«Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: [¿Quién ha tocado mis vestidos?]» (Mr.5:30).

Dios les bendiga siempre.


domingo 8 de noviembre de 2009

ISRAEL EN LOS POSTREROS TIEMPOS

(Castigo, diáspora y restauración de Israel)
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Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
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Israel, el Pueblo escogido de Dios, tomado por el designio del Altísimo para el cumplimiento de la promesa del Reinado Milenario Terrenal por medio de su Hijo Jesucristo, surgido de este bendito Pueblo, y que gobernará en Jerusalén, en el trono de David, de acuerdo al plan ideado por Dios antes de la fundación del mundo, y cuyo plan también acapara a los hombres gentiles (goyms) que componen todas las naciones del ancho mundo: para los que han creído en el Mesías Hijo (Jn.3:16), que le han recibido para ser hechos hijos del Soberano Dios y Padre (Juan 1:11).
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La Biblia narra que Israel fue en todo tiempo una nación rebelde. A pesar de ser el Pueblo de Dios escogido, y que vio las maravillas del Santo Rey que los libró de la esclavitud, fueron capaces de hacer un becerro de fundición para adorarlo (Ex. cap. 32). Israel se mostró delante de Dios como un constante practicante de idolátricas abominaciones a través de su historia nacional. Esto le valió el cautiverio por setenta años en Babilonia, y no sólo por la idolatría profesada, sino también a causa de sus diversas maldades y por el quebrantamiento del año sabático. Antes de que el exilo se llevará a cabo, Nabucodonosor, abrupto e impulsivo soberano, dio muerte a los nobles príncipes de Israel, en Ribla, al ser sitiados, perseguidos y capturados por los hombres del iracundo e inestable rey babilónico (Libro de Jeremías).
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Cumplidos los setenta años del cautiverio, se levanta un decreto promulgado por el rey Ciro, instrumento del cielo, para que el Pueblo siempre amado de Dios regresara a la tierra donde fluye «leche y miel» con el fin de edificar la casa de Jehová, restaurando posteriormente así el culto a Yahwé, y también para la reconstrucción de los muros de la ciudad de Jerusalén que habían sido destruidos por el pagano rey Nabucodonosor:«Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y el me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba» (2 Cr. 36:23).
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El Salmo número dos habla del Hijo Ungido de Dios que vendría como quebrantador de las naciones de la tierrra para establecerse como gobernante teocrático sobre ellas. El pueblo judío esperaba al principio un Mesías fuerte y poderoso que los libertara del yugo y de la opresión, cabe decir, del romano. No entendió jamás que primero el Cristo tendría que presentarse como «siervo sufriente» (Is.53) para la expiación de los pecados de muchos, para hacerlos dignos y aptos para el futuro Reino Teocrático de Dios en el mundo. El paso expiatorio fue inadvertido por los fariseos, y con la ayuda de Roma, se pudo crucificar al Bendito Mesías, según el «determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios» (Hechos 2:22, 23).
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« ¡Jerusalén; Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como las gallinas juntan sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta» (Mt.23:37).
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«Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos» (Mt.27:25).
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Así, el rechazo del Mesías por la nación judía, da como resultado un cumplimiento funesto doble: Uno mediato e histórico; y el segundo, uno tardío y de carácter escatológico. El primero, cumplido en el año setenta d.C., con la persecución judía por mandato de Tito, hijo de Vespasiano, que gobernaba Roma en ese tiempo y que costó la vida a casi a un millón de judíos. Pienso que muchos que aún estando jóvenes en el tiempo de la advertencia del Señor Jesús, se acordaban en ese momento oscuro para sus vidas de las palabras proféticas que se cumplían con crueldad y sufrimiento. . . con asolo y muerte. Muchos cristianos se salvaron al huir de Jerusalén, por haber creído las palabras del Señor, evocadas de su boca casi cuarenta años atrás (Mr. 13:14-18). La diáspora empieza, y los judíos son esparcidos por todo el mundo antiguo de aquella época, a causa de su desobediencia, a causa de la persecución romana (1 P.1:1).
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El segundo cumplimento: Casi dos mil años después de los sucesos antes mencionados, muchos judíos expatriados en distintas naciones del mundo, regresan a la tierra prometida en Palestina, dejando su «errado caminar». Así, el 14 de mayo de 1948, Israel es declarado estado soberano, para cumplirse la profecía de Ezequiel que dice:

«Y os traer de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, os traeré a vuestro país» (Ez. 36:24).
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Miles vieron con asombro el cumplimiento del fin de la diáspora judía; pero los que conocemos la Escritura Santa, sabemos que Dios, a su tiempo debido, habrá de cumplir todo lo que ha proclamado por medio de su fieles profetas, lo que hay en su Palabra eterna y verdadera.
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El Israel religioso, sigue esperando a su prometido «mesías». Cristo vino, se fue, y viene nuevamente al mundo. Israel se encuentra ciego ante estos hechos. Algunos judíos han reconocido a Jesús como el Ungido de Dios y Mesías, pero está determinado que una gran multitud de ellos nunca lo aceptarán y las consecuencias por tal actitud los llevará a su propia destrucción, cuando aparezca el Anticristo Final, que será reconocido como el «mesías» esperado por ellos. En el Antiguo Testamento, en el libro de Daniel, dice que en medio de la Semana Setenta, en la última Hebdómada, este perverso hombre romperá el pacto de paz hecho con Israel (Dn.9:27) para lanzarse contra los judíos con el propósito de exterminarlos de la faz de la Tierra. Esto se confirma en el capítulo doce de el libro de Apocalipsis. En los siguientes textos del veterotestamento, logramos apreciar el pacto consentido entre el Anticristo Final y el Pueblo israelita (Cumplimiento Escatológico):
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«Por tanto, varones burladores que gobernáis a este pueblo que está en Jerusalén, oíd la palabra de Jehová. Por cuanto habéis dicho: Pacto tenemos hecho con la muerte, hicimos convenio con el Seol; cuando pase el turbión de azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos». . . (Is.28:14, 15).
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El día de la «visitación» fue hecha a un lado hace casi veinte centurias, e Israel deberá pagar con persecución dolorosa y muerte por su arrogancia e incredulidad, antes de que sea liberado por el Guerreo del Cielo, Jesucristo, cuando descienda para juzgar los hombres y para reinar sobre la Tierra, sin antes de haber hecho «jiras y picadillo » a sus enemigos, conforme lo descrito en Ap.19.
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«Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados» (Ro.11:25, 26).
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Dios les bendiga siempre.